Resumen rápido
- Comprueba primero que la factura, el vencimiento y la documentación sean correctos.
- Contacta pronto con el cliente y consigue una fecha concreta de pago, no un simple “te pagaré pronto”.
- Si necesita más tiempo, acepta un fraccionamiento solo si queda por escrito y te compensa.
- Cuando incumpla lo acordado, pasa de los recordatorios informales a una reclamación que deje constancia.
- No sigas aumentando la deuda de un cliente que ya ha demostrado problemas de pago.
- En operaciones entre empresas pueden existir intereses de demora y costes de cobro que conviene conocer.
- Si la vía amistosa fracasa, valora el procedimiento monitorio u otra vía de reclamación adecuada.
Qué hacer con un cliente moroso paso a paso
Primero, comprueba que realmente existe un impago. Revisa la factura, la fecha de vencimiento, el contrato o presupuesto aceptado, los albaranes y cualquier prueba de que el servicio o producto se entregó correctamente. También conviene verificar que el cliente recibió la factura y que no existe una incidencia administrativa pendiente.
Parece básico, pero reclamar con firmeza una factura enviada a una dirección equivocada o que contiene un error puede deteriorar innecesariamente la relación comercial.
Después, contacta sin dejar pasar semanas. Una llamada o un correo personal suelen funcionar mejor que encadenar recordatorios automáticos. El objetivo de esta primera conversación no es discutir, sino averiguar qué sucede y obtener un compromiso concreto.
No aceptes respuestas ambiguas como “lo revisamos” o “intentaremos pagarte pronto”. Pregunta directamente qué día pueden realizar el pago y confirma después ese compromiso por escrito.
Si gestionas tu actividad por tu cuenta, tener procesos claros de facturación y seguimiento es tan importante como captar clientes. En nuestra sección para autónomos encontrarás más recursos orientados a organizar mejor la parte financiera del negocio.
Si el problema es temporal, puedes negociar, pero con límites. Un buen cliente puede tener un problema puntual de tesorería. En esos casos, dividir el pago puede ser preferible a romper inmediatamente la relación.
Imagina, como ejemplo hipotético, una factura pendiente de 4.000 €. En lugar de aceptar un “te voy pagando cuando pueda”, podrías acordar 2.000 € ahora y dos pagos posteriores de 1.000 €, con fechas concretas y constancia escrita. Hasta que regularice la deuda, tendría sentido no concederle nuevo crédito comercial.
El error habitual es financiar involuntariamente al cliente: seguir entregando trabajos mientras la deuda anterior aumenta.
Cuándo debes endurecer la reclamación
Un retraso aislado no requiere la misma respuesta que tres promesas incumplidas. Puedes orientarte con este criterio:
| Situación | Respuesta razonable |
|---|---|
| Retraso corto y cliente fiable | Recordatorio y nueva fecha concreta |
| Primera promesa de pago incumplida | Confirmación escrita y seguimiento más estrecho |
| Retrasos repetidos | Suspender nuevo crédito y reclamar formalmente |
| Importe elevado o semanas sin respuesta | Requerimiento fehaciente y valoración jurídica |
| Cliente discute la factura | Resolver primero la controversia sobre la deuda |
Cuando el cliente deja de responder o incumple repetidamente, conviene que la reclamación pueda demostrarse después. Dependiendo del caso, puede utilizarse un burofax, un requerimiento notarial u otro medio que permita acreditar de forma fiable que reclamaste el pago.
También merece la pena controlar periódicamente la antigüedad de las facturas pendientes. Indicadores como la rotación de las cuentas por cobrar ayudan a detectar si tu empresa está tardando cada vez más en transformar ventas pendientes en dinero efectivo.
Qué puedes reclamar por un impago entre empresas
Cuando hablamos de operaciones comerciales entre empresas o profesionales, la Ley 3/2004 de lucha contra la morosidad establece reglas específicas. Si no se ha fijado otro plazo, el pago debe realizarse con carácter general dentro de los 30 días naturales posteriores a la recepción de los bienes o a la prestación del servicio. Las partes pueden pactar otro plazo, pero la ley fija un máximo general de 60 días naturales. Estas reglas no se aplican del mismo modo cuando el deudor es un consumidor.
Una vez producido el retraso, el acreedor que haya cumplido sus obligaciones puede tener derecho a intereses de demora. Si el contrato no establece un tipo diferente, la ley utiliza como referencia el tipo aplicado por el Banco Central Europeo a su operación principal de financiación más ocho puntos porcentuales.
Además, en las operaciones incluidas dentro de esta normativa se reconoce una cantidad fija de 40 € por costes de cobro, sin perjuicio de otros gastos de recuperación debidamente acreditados cuando proceda.
Eso no significa que siempre compense reclamar hasta el último euro. Para una factura pequeña de un cliente que quieres conservar puede tener más sentido cerrar rápidamente el principal. Para una deuda elevada o un moroso recurrente, renunciar sistemáticamente a tus derechos puede incentivar nuevos retrasos.
Qué hacer si el cliente sigue sin pagar
Cuando la negociación y la reclamación formal no funcionan, toca comparar el importe pendiente con el coste y las probabilidades de recuperarlo.
En España, el procedimiento monitorio permite reclamar deudas dinerarias de cualquier importe siempre que sean líquidas, determinadas, vencidas y exigibles y puedan acreditarse mediante documentación como facturas, albaranes u otros documentos habituales de la relación comercial. Puedes consultar su regulación en la Ley de Enjuiciamiento Civil.
Para importes relevantes, deudas discutidas o situaciones donde exista insolvencia, merece la pena revisar el expediente con un abogado o asesor antes de elegir la vía de reclamación. No todas las facturas impagadas deben gestionarse de la misma manera.
Protege la tesorería mientras intentas cobrar
Un cliente moroso no solo genera una factura pendiente. Puede hacer que tengas que pagar proveedores, nóminas o impuestos antes de haber recibido el dinero correspondiente a tus ventas.
Por eso conviene trabajar la morosidad junto con una buena gestión de tesorería para pymes y autónomos. También es útil vigilar tus ratios de liquidez y entender cómo los retrasos de clientes terminan afectando al flujo de caja operativo.
Consejo Finantres: no calcules tu capacidad para gastar utilizando únicamente lo que has facturado. Una factura emitida sigue siendo un derecho de cobro hasta que el dinero entra realmente en caja.
Mantener cierto margen financiero también reduce la dependencia de que todos los clientes paguen exactamente el día previsto. Nuestra guía sobre ahorro en empresas profundiza en cómo crear ese colchón sin perder de vista las necesidades normales del negocio.
Si además estás revisando dónde centralizar la operativa diaria de cobros y pagos de la empresa, una opción que recomendamos valorar es Bankinter Empresas. No va a solucionar por sí solo la morosidad, pero disponer de una operativa empresarial ordenada facilita saber qué ha entrado, qué sigue pendiente y qué necesidades de tesorería tienes. Antes de contratar, revisa siempre las condiciones y costes para comprobar que encajan con tu empresa.
¿Puedes recuperar el IVA de una factura que no te pagan?
En determinados supuestos, sí. Que el cliente no pague no significa que puedas eliminar el IVA de la factura inmediatamente, pero la normativa permite modificar la base imponible cuando un crédito cumple los requisitos para considerarse incobrable.
La Agencia Tributaria establece plazos y condiciones específicos. Entre otros requisitos, el impago debe estar correctamente reflejado en los registros y debe haberse reclamado el cobro de una forma admitida. Para las pymes existen determinadas opciones respecto al momento en que puede considerarse incobrable el crédito. Conviene consultar directamente los requisitos de la Agencia Tributaria para recuperar el IVA impagado antes de emitir la correspondiente factura rectificativa.
Aquí es especialmente importante no improvisar: los plazos y formalidades importan, así que si tienes dudas sobre una factura concreta conviene revisarla con tu asesor fiscal.
Cómo reducir la morosidad antes de que aparezca
La mejor gestión de impagados empieza antes de emitir la factura. Con clientes nuevos o proyectos grandes, plantéate pedir un anticipo, facturar por hitos o limitar el importe que permites acumular pendiente de pago.
También ayuda fijar desde el principio las fechas de vencimiento, explicar las consecuencias del retraso y enviar recordatorios antes de que llegue el plazo. Un cliente que suele pagar a 60 días aunque hayas acordado 30 días no debería recibir las mismas condiciones comerciales que quien paga puntualmente.
Y cuando el problema no es falta de voluntad sino fricción para efectuar el pago, facilitar una alternativa puede resolver el retraso. Para determinados negocios, por ejemplo, puede resultar útil saber cómo cobrar por WhatsApp mediante un enlace de pago.
El objetivo no es conseguir que ningún cliente se retrase jamás. Es detectar rápido el retraso, limitar cuánto dinero puede acumular cada cliente pendiente y evitar que una factura problemática termine convirtiéndose en un agujero de tesorería.
Conclusión
Gestionar clientes morosos funciona mejor cuando tienes un proceso definido: comprobar la deuda, contactar rápido, conseguir compromisos concretos, documentar los acuerdos y aumentar la presión si el cliente incumple.
La clave está en no confundir paciencia con dejar crecer el problema. Si alguien ya te debe dinero, seguir vendiéndole a crédito puede multiplicar tu exposición. Y cuando la vía amistosa deja de funcionar, una reclamación formal o jurídica puede ser más sensata que invertir meses persiguiendo la misma factura.





















