Planifica tu ahorro
Calculadora de ahorro
Proyecta cuánto podrías acumular combinando tu ahorro actual, aportaciones mensuales y una rentabilidad anual estimada.
Ahorro estimado al final
Estimación antes de impuestos, comisiones e inflación.
Las aportaciones se realizan al final de cada mes y la rentabilidad se reparte en 12 periodos iguales al año.
Ver evolución anual
| Año | Saldo | Aportado | Rendimiento |
|---|---|---|---|
| 1 | 12.967,39 € | 12.400,00 € | 567,39 € |
Esta calculadora es orientativa: una rentabilidad estimada no está garantizada y los resultados reales pueden variar.
Resumen rápido
- Introduce cuatro datos: ahorro inicial, aportación mensual, rentabilidad anual estimada y plazo.
- La rentabilidad anual se convierte en una tasa mensual y se aplica cada mes antes de añadir la nueva aportación.
- Verás el ahorro total estimado, cuánto dinero has aportado tú y qué parte corresponde al rendimiento generado.
- La tabla anual permite comprobar cómo evolucionan el saldo, las aportaciones acumuladas y el rendimiento.
- Puedes utilizar una rentabilidad del 0 % o negativa y un plazo de 1 a 60 años completos.
- La cifra final es una simulación matemática. Una inversión real puede obtener una rentabilidad muy diferente.
Cómo usar la calculadora de ahorro
Solo necesitas cuatro datos.
Ahorro inicial. Es el dinero con el que empiezas. Si ya tienes 5.000 € reservados para un objetivo, introducirías 5.000 €. Si partes de cero, puedes indicar 0 €.
Aportación mensual. Es la cantidad que prevés añadir cada mes. Lo importante es utilizar una cifra que puedas mantener de forma realista. Si todavía estás organizando tus finanzas, nuestra guía de ahorro puede ayudarte a definir primero esa base.
Rentabilidad anual estimada. Es una hipótesis que utiliza la calculadora para proyectar el crecimiento del dinero. No significa que vayas a obtener esa rentabilidad en la realidad.
Plazo. Puedes simular entre 1 y 60 años completos. Los plazos largos sirven para visualizar el efecto acumulado de las aportaciones y la capitalización, pero también aumentan la incertidumbre de cualquier estimación de rentabilidad.
Una vez introducidos los datos, prueba más de un escenario. Cambiar la aportación de 100 € a 150 € al mes, por ejemplo, suele darte información más útil que obsesionarte con décimas en la rentabilidad estimada.
Si el problema está en mantener las aportaciones, puede ser más útil trabajar primero el hábito. En nuestra guía para automatizar el ahorro explicamos cómo reducir la dependencia de acordarte cada mes.
Qué resultados muestra la calculadora
La cifra principal es el ahorro total estimado al terminar el plazo. Pero no conviene quedarse únicamente con ese número.
La herramienta separa el resultado en tres partes:
| Resultado | Qué significa |
|---|---|
| Ahorro total estimado | Saldo que tendría la proyección al finalizar el plazo |
| Total aportado | Ahorro inicial + todas las aportaciones mensuales |
| Rendimiento generado | Diferencia entre el saldo final y el total aportado |
Este desglose es especialmente útil porque evita confundir el dinero que has puesto tú con el crecimiento generado por la rentabilidad estimada.
Si aportas 200 € cada mes durante muchos años, una parte importante del saldo final puede proceder simplemente de tu constancia. Para entender mejor esa combinación puedes consultar nuestra guía sobre interés compuesto con aportes periódicos.
Cuando la rentabilidad introducida es negativa, el rendimiento generado también puede ser negativo. En ese caso, el saldo final puede terminar siendo inferior al dinero que has aportado.
Cómo calcula el ahorro acumulado
La calculadora trabaja mes a mes.
Primero convierte la rentabilidad anual estimada en una tasa mensual:
Tasa mensual = rentabilidad anual / 12
Después aplica esa tasa al saldo que ya existe y, al final del mes, añade la aportación mensual.
Si llamamos:
- C₀ al ahorro inicial.
- A a la aportación mensual.
- i a la tasa mensual.
- n al número total de meses.
La proyección con aportaciones al final de cada mes puede expresarse así:
Saldo final = C₀ × (1 + i)ⁿ + A × [((1 + i)ⁿ − 1) / i]
El número total de meses es:
n = años × 12
Si introduces una rentabilidad del 0 %, no hay que aplicar la división de la fórmula anterior. El cálculo se simplifica a:
Saldo final = ahorro inicial + (aportación mensual × número de meses)
Este mecanismo es el que conocemos como interés compuesto: los rendimientos que se van acumulando pasan a formar parte de la base sobre la que se calcula el siguiente periodo. El Plan de Educación Financiera de la CNMV y el Banco de España explica la misma diferencia entre interés simple y compuesto.
Matiz importante: esta calculadora divide la tasa anual entre 12 porque ese es el supuesto matemático definido para la herramienta. No debes interpretar automáticamente una TAE, una rentabilidad histórica o cualquier porcentaje comercial de un producto como si fuese exactamente el mismo dato.
Si quieres aislar este efecto sin centrarte específicamente en un plan de ahorro, también puedes utilizar nuestra calculadora de interés compuesto.
Ejemplo práctico: 1.000 € iniciales y 100 € al mes
Supongamos este escenario puramente ilustrativo:
- Ahorro inicial: 1.000 €
- Aportación mensual: 100 €
- Rentabilidad anual estimada: 5 %
- Plazo: 10 años
- Aportaciones: al final de cada mes
- Sin impuestos, comisiones ni inflación
Después de 10 años habrías aportado:
1.000 € + (100 € × 120 meses) = 13.000 €
Aplicando la capitalización mensual utilizada por la calculadora, el resultado sería aproximadamente:
| Concepto | Resultado |
| Total aportado | 13.000,00 € |
| Saldo final estimado | 17.175,24 € |
| Rendimiento estimado | 4.175,24 € |
Los 4.175,24 € no son una ganancia esperada ni garantizada. Son únicamente lo que produciría el modelo si se cumpliese exactamente el supuesto de una rentabilidad anual constante del 5 % durante todos los meses.
Si 100 € es una cantidad que encaja con tu presupuesto, puedes profundizar en qué supone ahorrar 100 euros al mes antes de asumir ninguna rentabilidad.
Por qué importa tanto la rentabilidad que introduces
Una calculadora puede hacer la operación perfectamente y, aun así, darte una proyección poco útil si partes de un supuesto demasiado optimista.
Con los mismos 1.000 € iniciales, 100 € mensuales y 10 años, cambiar únicamente la rentabilidad produce resultados muy distintos:
| Rentabilidad anual hipotética | Total aportado | Saldo final estimado | Rendimiento |
| -2 % | 13.000 € | 11.702,94 € | -1.297,06 € |
| 0 % | 13.000 € | 13.000,00 € | 0 € |
| 3 % | 13.000 € | 15.323,50 € | 2.323,50 € |
| 5 % | 13.000 € | 17.175,24 € | 4.175,24 € |
Todos estos porcentajes son ejemplos hipotéticos, no previsiones sobre ningún producto ni mercado.
La forma más útil de trabajar con la calculadora es crear varios escenarios. Por ejemplo, uno prudente, otro central y otro adverso. Así evitas construir todo tu plan alrededor de una única cifra.
La CNMV recuerda, además, que las rentabilidades obtenidas en el pasado no aseguran una evolución similar en el futuro.
Qué rentabilidad deberías poner en la calculadora
Depende de lo que quieras simular.
Si estás proyectando simplemente cuánto acumularías sin que el dinero genere rendimiento, utiliza 0 %. La herramienta te mostrará entonces únicamente el efecto de tu ahorro inicial y tus aportaciones.
Si estás valorando una inversión, la tasa debería tratarse como una hipótesis de trabajo, no como un resultado esperado. Una acción, un ETF o un fondo puede subir unos años y caer otros; la calculadora simplifica esa realidad utilizando el mismo porcentaje todos los meses.
Por eso es mejor hacer varias simulaciones que buscar una supuesta “rentabilidad correcta”.
Error común: mirar que un activo o una cartera ha obtenido una determinada rentabilidad histórica y trasladar ese porcentaje durante 20, 30 o 40 años como si fuese seguro. La calculadora puede proyectarlo, pero eso no hace que el escenario sea probable.
Si quieres estudiar específicamente el comportamiento de una capitalización cada mes, tienes una calculadora de interés compuesto mensual separada.
Cómo leer la tabla de evolución anual
Además del resultado final, la calculadora muestra una tabla año a año.
Para cada año puedes comprobar:
- Saldo acumulado: cuánto dinero muestra la simulación al terminar ese año.
- Aportaciones acumuladas: todo el dinero que has puesto hasta ese momento.
- Rendimiento acumulado: diferencia entre el saldo y las aportaciones.
En el ejemplo anterior de 1.000 € iniciales, 100 € al mes y una rentabilidad hipotética del 5 %, la evolución sería aproximadamente:
| Año | Saldo acumulado | Aportado | Rendimiento |
| 1 | 2.279,05 € | 2.200 € | 79,05 € |
| 5 | 8.083,97 € | 7.000 € | 1.083,97 € |
| 10 | 17.175,24 € | 13.000 € | 4.175,24 € |
La tabla ayuda a ver algo que el saldo final oculta: al principio suelen pesar mucho más tus aportaciones; con una rentabilidad positiva mantenida en el modelo, el rendimiento acumulado va ganando peso con el tiempo.
Eso no significa que una inversión real vaya a seguir una curva tan limpia. Los mercados pueden registrar años positivos, negativos o prácticamente planos.
Qué pasa porque la aportación se haga al final de cada mes
Este detalle tiene impacto.
La herramienta primero calcula el rendimiento del saldo existente y después añade la aportación de ese mes. Por tanto, los 100 € que ingresas al terminar enero empiezan a participar en la capitalización a partir del periodo siguiente.
Si en la práctica aportases al principio de cada mes y la rentabilidad fuese positiva, una simulación equivalente daría un resultado ligeramente superior porque cada aportación tendría un mes adicional para generar rendimiento.
No es un error de la herramienta: es simplemente uno de sus supuestos. Lo importante es saberlo antes de comparar el resultado con otra calculadora que utilice aportaciones al inicio del periodo.
Qué no incluye esta proyección
La calculadora simplifica deliberadamente la realidad. No incluye impuestos, comisiones ni inflación.
Comisiones
Si utilizas un producto de inversión con costes, esos gastos pueden reducir el dinero que permanece invertido y, por tanto, también el crecimiento que podría producir después.
Una diferencia aparentemente pequeña en costes puede acumularse durante periodos largos. Por eso no deberías interpretar el saldo calculado como un importe neto.
Impuestos
La herramienta tampoco calcula la fiscalidad.
El impacto fiscal depende, entre otras cosas, del producto que utilices y de cuándo se generen o materialicen los rendimientos. La cifra que muestra la calculadora es, por tanto, una proyección matemática antes de impuestos.
Inflación
Tampoco se ajusta el resultado por inflación.
Esto significa que 100.000 € proyectados dentro de varias décadas representan 100.000 € nominales futuros, pero no necesariamente tendrán el mismo poder adquisitivo que 100.000 € tienen ahora.
Para objetivos de muy largo plazo, conviene separar estas dos preguntas: cuánto dinero puede aparecer en tu saldo y cuánto podrá comprarse realmente con ese dinero.
Ahorro no significa necesariamente inversión
La calculadora permite introducir una rentabilidad, pero no decide de dónde sale esa rentabilidad.
Ahorrar e invertir tienen funciones diferentes. Un fondo de emergencia, por ejemplo, debe priorizar normalmente la disponibilidad y la estabilidad frente a perseguir una rentabilidad elevada. Puedes profundizar en la diferencia entre ahorro y fondo de emergencia.
Si todavía no tienes ese colchón, nuestra calculadora de fondo de emergencia puede ser un paso más lógico que proyectar directamente décadas de rentabilidad.
Para otros objetivos, una parte del dinero podría plantearse a más largo plazo. Pero invertir implica asumir riesgo y la posibilidad de perder dinero. Una calculadora de ahorro no sustituye la elección del producto ni el análisis de ese riesgo.
Cómo hacer que la proyección sea realmente útil
Una buena simulación debería ayudarte a tomar decisiones, no simplemente a producir una cifra grande.
Prueba este enfoque:
- Empieza con lo que realmente tienes. No redondees al alza el ahorro inicial.
- Usa una aportación sostenible. Es mejor proyectar 100 € que puedes mantener que 400 € que abandonarás dentro de tres meses.
- Calcula primero con 0 %. Así sabrás cuánto depende exclusivamente de ti.
- Crea varios escenarios de rentabilidad. No bases tu objetivo en el más optimista.
- Mira la tabla anual. Te ayudará a detectar cuándo tus aportaciones pesan más que el rendimiento.
- Repite la simulación cuando cambie tu situación. Una proyección a 30 años no tiene por qué permanecer intacta durante 30 años.
Si todavía estás decidiendo cuánto puedes separar cada mes, la calculadora de ahorro 50/30/20 puede ayudarte a trabajar primero desde tus ingresos y gastos.
También puedes revisar los mejores métodos de ahorro para elegir un sistema que puedas mantener sin convertir cada mes en una prueba de fuerza de voluntad.
Consejo práctico: juega primero con la aportación, después con el plazo y solo al final con la rentabilidad. Las dos primeras variables dependen mucho más de tus decisiones que el comportamiento futuro de una inversión.
¿Y si quieres pasar del ahorro a la inversión?
No todo el dinero ahorrado tiene que invertirse. El dinero para imprevistos o para objetivos próximos no debería asumir riesgos solo porque la calculadora muestre un saldo final más atractivo al introducir una rentabilidad positiva.
Si ya tienes una base financiera ordenada, un horizonte suficientemente largo y entiendes el riesgo que quieres asumir, el siguiente paso es decidir qué producto utilizar y dónde invertirlo.
En ese caso, antes de abrir una cuenta conviene comparar regulación, costes, productos y condiciones. Nuestra selección de mejores brokers online puede servirte como punto de partida para comparar alternativas, no como sustituto de valorar qué opción encaja contigo.
Conclusión
La calculadora de ahorro sirve para responder una pregunta muy concreta: cuánto podrías acumular combinando lo que ya tienes, lo que aportas cada mes, un plazo y una rentabilidad hipotética.
Su mayor utilidad no está en acertar el saldo de dentro de 20 o 30 años. Está en permitirte comparar escenarios: qué ocurre si ahorras un poco más, empiezas antes, mantienes el plan durante más tiempo o la rentabilidad resulta menor de lo que imaginabas.
Usa la cifra final como orientación, no como promesa. Tus aportaciones y tu plazo son datos del plan; la rentabilidad futura sigue siendo una incertidumbre.







