Cómo evaluar el rendimiento de los ETF: métodos clave para analizar si un ETF lo está haciendo bien

Evaluar el rendimiento de un ETF no consiste solo en mirar si ha subido o bajado en el último año. Ese dato puede llamar la atención, pero por sí solo dice poco. Un ETF puede haber ganado un 12% y aun así estar replicando mal su índice, tener costes demasiado altos, asumir más riesgo del que parece o no encajar con tu cartera.

La clave está en comparar el ETF contra lo que realmente debe compararse: su índice de referencia, sus costes, su riesgo, su liquidez, su divisa, su fiscalidad y su papel dentro de tu estrategia.

Para un inversor en España, además, conviene mirar si el ETF es UCITS, en qué moneda cotiza, cómo reparte o acumula dividendos y qué broker permite comprarlo con unas condiciones razonables. Un buen ETF no es el que más ha subido últimamente, sino el que cumple mejor su función dentro de tu cartera.

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Resumen rápido

  • El primer paso es comparar el ETF con su benchmark, no con otros productos al azar.
  • La rentabilidad debe analizarse en varios plazos: 1, 3, 5 y 10 años si hay historial suficiente.
  • El tracking difference muestra cuánto se separa el ETF de su índice en rentabilidad.
  • El tracking error mide la regularidad con la que replica ese índice.
  • El TER importa, pero no es el único coste: también cuentan spreads, comisiones del broker, divisa y fiscalidad.
  • La volatilidad, las caídas máximas y el tipo de activo ayudan a entender el riesgo real.
  • En España conviene revisar si el ETF es UCITS, si acumula o reparte dividendos y dónde está domiciliado.

Qué significa realmente evaluar el rendimiento de un ETF

Un ETF suele tener un objetivo claro: replicar un índice, una cesta de activos, un sector, una región, una estrategia o una materia prima. Por eso, evaluar su rendimiento no va de preguntarse “¿ha subido mucho?”, sino de responder a tres preguntas más útiles:

  • ¿Ha cumplido el objetivo para el que fue creado?
  • ¿Lo ha hecho con costes y desviaciones razonables?
  • ¿Encaja ese comportamiento con lo que tú necesitas como inversor?

Por ejemplo, un ETF que replica el MSCI World no debe compararse con un ETF del Nasdaq 100, con un ETF de oro o con un ETF de renta fija europea. Cada uno juega una liga distinta. Si comparas productos con objetivos diferentes, puedes acabar eligiendo el que más ha subido recientemente, no el que mejor encaja con tu cartera.

Aquí está uno de los errores más habituales: confundir rentabilidad reciente con calidad del ETF. Un ETF sectorial de tecnología puede superar durante años a un ETF global diversificado, pero también puede caer mucho más cuando cambia el ciclo. Eso no lo convierte automáticamente en mejor, solo en diferente.

Si todavía estás comparando tipos de fondos cotizados, puede ayudarte revisar antes las ventajas y desventajas de los ETFs para tener claro qué aporta este producto y qué riesgos debes vigilar.

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Empieza por el índice de referencia

El benchmark es el punto de partida. Es el índice o referencia que el ETF intenta replicar. Puede ser el S&P 500, el MSCI World, el Euro Stoxx 50, un índice de bonos, un índice sectorial o una estrategia más concreta.

Antes de mirar la rentabilidad del ETF, conviene entender:

  • Qué índice replica.
  • Qué empresas, bonos o activos incluye.
  • Cómo pondera sus posiciones.
  • Cada cuánto se revisa.
  • En qué divisa está calculado.
  • Si incluye dividendos brutos, netos o sin reinvertir.
  • Si representa una exposición amplia o muy concentrada.

Un ETF puede parecer muy diversificado porque tiene cientos de posiciones, pero si el índice está muy concentrado en unas pocas empresas o en un solo país, el riesgo real puede ser mayor de lo que parece.

Ejemplo práctico: imagina dos ETF de renta variable global. Uno replica un índice mundial amplio con más de 1.000 compañías. Otro replica un índice tecnológico con 100 compañías, muchas de ellas estadounidenses. Si el segundo ha ganado más en los últimos años, puede parecer mejor. Pero si tu objetivo es construir una base diversificada a largo plazo, quizá el primero cumple mejor su papel.

Para profundizar en este punto, tiene sentido revisar qué es exactamente el benchmark de un ETF y por qué no todos los índices son igual de representativos.

Analiza la rentabilidad en varios plazos, no solo el último año

La rentabilidad a 1 año puede estar muy condicionada por el momento de mercado. Sirve como dato rápido, pero no basta para tomar una decisión.

Lo ideal es revisar varios horizontes:

PlazoQué te ayuda a ver
1 añoComportamiento reciente y sensibilidad al ciclo actual
3 añosRespuesta en un periodo algo más amplio
5 añosConsistencia en diferentes fases de mercado
10 añosHistorial de largo plazo, si el ETF existe desde hace suficiente tiempo
Desde inicioCómo ha funcionado desde su lanzamiento, con cuidado si nació en un momento muy favorable o desfavorable

La rentabilidad anualizada suele ser más útil que la rentabilidad acumulada. No es lo mismo decir que un ETF ha subido un 60% en 5 años que entender cuál ha sido su rentabilidad media anual aproximada.

También conviene mirar si el ETF ha vivido mercados difíciles. Un producto lanzado hace poco puede tener una rentabilidad atractiva simplemente porque nació en una fase alcista. Eso no significa que esté probado en caídas.

Error común: elegir un ETF porque aparece arriba en un ranking de rentabilidad a 12 meses. Muchas veces ese ETF pertenece al sector que mejor lo ha hecho recientemente. Puede seguir subiendo, sí, pero también puede estar más caro, más concentrado y ser más volátil.

Si buscas ideas por horizonte temporal, puedes complementar este análisis con la guía de mejores ETFs para invertir a largo plazo, pero siempre revisando que el producto encaje con tu perfil.

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Compara el ETF con su índice: tracking difference

El tracking difference mide cuánto se ha separado la rentabilidad del ETF respecto a su índice en un periodo concreto.

La fórmula básica es sencilla:

Tracking difference = rentabilidad del ETF – rentabilidad del índice

Si un índice ha subido un 8% y el ETF ha subido un 7,7%, el tracking difference es de -0,3 puntos porcentuales.

En ETF de réplica pasiva, lo normal es que el ETF quede algo por debajo del índice, porque soporta costes: comisión de gestión, gastos operativos, posibles costes de transacción y otros ajustes. Aun así, algunos ETF pueden acercarse mucho a su índice gracias a una buena gestión, préstamo de valores, eficiencia fiscal o bajo coste.

Vanguard explica que el tracking difference compara la rentabilidad del ETF con la de su benchmark durante un periodo concreto y que suele verse afectado por gastos, liquidez, cambios del índice, método de réplica y otros factores operativos.

Lo importante no es que el tracking difference sea cero, sino que sea razonable, estable y coherente con el tipo de ETF.

Ejemplo práctico: dos ETF replican el mismo índice europeo. Uno tiene un TER del 0,12% y suele quedarse unos 0,15 puntos por debajo del índice. Otro tiene un TER del 0,40% y se queda 0,55 puntos por debajo. Si ambos dan la misma exposición, el primero parece más eficiente, siempre que liquidez, tamaño y riesgo operativo también sean adecuados.

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Revisa el tracking error: no mide lo mismo que el tracking difference

El tracking error mide la variabilidad de esa diferencia frente al índice. Dicho de forma sencilla: te dice si el ETF sigue al índice de manera regular o si se desvía mucho de forma intermitente.

Un ETF puede tener un tracking difference aceptable a final de año, pero haber tenido desviaciones fuertes por el camino. Eso puede importar si vas a comprar y vender con frecuencia o si necesitas una réplica muy precisa.

Para un inversor a largo plazo, el tracking difference suele ser más importante. Para un inversor más táctico, institucional o que utiliza ETF para ajustar exposición con precisión, el tracking error gana peso.

Diferencia sencilla:

MétricaQué mideCómo interpretarla
Tracking differenceCuánto se separa el ETF del índice en rentabilidadCuanto menor y más coherente, mejor
Tracking errorCuánta variabilidad hay en esa separaciónCuanto más bajo, más estable suele ser la réplica

Si quieres profundizar en este punto, tienes una pieza específica sobre los errores de seguimiento de los ETF, que ayuda a distinguir mejor ambos conceptos.

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Mira los costes reales, no solo el TER

El TER es importante porque resume los gastos corrientes del fondo. La propia CNMV explica en su página sobre el Documento de Datos Fundamentales para el Inversor que el TER recoge gastos corrientes y que esos gastos reducen la rentabilidad del fondo.

Pero en un ETF, el coste real puede ir más allá del TER:

  • TER o comisión de gestión.
  • Spread entre precio de compra y precio de venta.
  • Comisión de compraventa del broker.
  • Comisión de custodia, si existe.
  • Comisión de cambio de divisa.
  • Costes por operar en mercados internacionales.
  • Impacto fiscal de dividendos o ventas.
  • Posible diferencia entre precio de mercado y valor liquidativo.

Ejemplo práctico: imagina que compras 1.000 € de un ETF estadounidense cotizado en dólares desde España. Aunque el ETF tenga un TER bajo, podrías pagar comisión de compraventa, spread y cambio de divisa. Si el broker cobra un 0,50% por convertir euros a dólares, ya tienes 5 € de coste inicial solo por divisa. En aportaciones pequeñas, ese detalle pesa bastante.

Por eso no conviene elegir un ETF solo porque tenga un TER del 0,05%. Si lo compras en un broker caro, con mal cambio de divisa o con poca liquidez, el coste total puede dejar de ser tan atractivo.

También merece la pena entender la diferencia entre el precio de mercado del ETF y su valor liquidativo, porque en momentos de poca liquidez o estrés de mercado la distancia entre ambos puede ampliarse.

Evalúa la volatilidad y las caídas máximas

La rentabilidad sin riesgo no existe. Por eso, además de mirar cuánto ha ganado un ETF, hay que mirar cómo lo ha conseguido.

Dos ETF pueden acabar con una rentabilidad anualizada parecida, pero uno puede haber tenido caídas del 15% y otro del 45%. Para un inversor real, esa diferencia importa mucho, porque no todo el mundo aguanta igual una caída fuerte.

Métricas útiles:

  • Volatilidad: mide cuánto se mueve el ETF.
  • Máxima caída o drawdown: muestra la mayor pérdida desde un máximo hasta un mínimo.
  • Ratio de Sharpe: compara rentabilidad frente a riesgo asumido.
  • Beta: indica sensibilidad frente al mercado de referencia.
  • Duración: clave en ETF de renta fija, porque mide sensibilidad a tipos de interés.
  • Exposición divisa: importante si inviertes en activos en dólares, libras u otras monedas.

Consejo experto: si un ETF te parece atractivo por rentabilidad, mira su peor caída histórica antes de comprar. Pregúntate si seguirías manteniéndolo con una pérdida temporal del 20%, 30% o 40%. Si la respuesta honesta es no, quizá el ETF no encaja contigo aunque sus números pasados sean buenos.

En los ETF de renta fija, además, no basta con mirar la rentabilidad pasada. Hay que revisar duración, calidad crediticia, divisa y tipo de bono. Un ETF de bonos a largo plazo puede caer con fuerza cuando suben los tipos de interés.

Comprueba la liquidez, el volumen y el spread

La liquidez de un ETF afecta a lo fácil y barato que puede ser comprarlo o venderlo.

Los datos principales que debes revisar son:

  • Patrimonio bajo gestión.
  • Volumen medio negociado.
  • Spread entre compra y venta.
  • Número de creadores de mercado.
  • Bolsa donde cotiza.
  • Horario de negociación del ETF y de sus activos subyacentes.

Un ETF puede tener buena estrategia, buen índice y bajo TER, pero si tiene poco volumen o spreads amplios, puede salirte más caro al operar.

Ejemplo práctico: si un ETF cotiza a 100 € de compra y 100,40 € de venta, el spread es del 0,40%. Si compras y vendes pronto, ese coste puede comerse una parte relevante de la rentabilidad. En cambio, un ETF muy líquido puede tener spreads mucho más ajustados.

Esto no significa que todos los ETF pequeños sean malos. Algunos tienen suficiente liquidez real gracias a su mecanismo de creación y reembolso. Pero para un inversor particular, como regla práctica, conviene ser prudente con ETF muy pequeños, exóticos o con spreads altos.

Analiza si el ETF acumula o distribuye dividendos

Los ETF pueden ser de acumulación o de distribución.

Un ETF de acumulación reinvierte automáticamente los dividendos dentro del fondo. Un ETF de distribución reparte dividendos periódicamente al inversor.

Para un inversor en España, esta diferencia tiene impacto práctico:

Tipo de ETFQué hace con los dividendosCuándo puede encajar
AcumulaciónReinvierte los dividendos dentro del ETFInversión a largo plazo y crecimiento compuesto
DistribuciónPaga dividendos al inversorBúsqueda de rentas periódicas

En España, los dividendos distribuidos suelen tributar en la base del ahorro cuando se cobran. En cambio, en un ETF de acumulación no recibes ese pago directo, aunque sí tributarás cuando vendas con plusvalía. La fiscalidad puede depender del caso concreto, así que conviene revisarla si vas a invertir cantidades relevantes.

Si tienes dudas sobre esta parte, puedes ampliar con la guía sobre cómo reinvertir los dividendos de los ETFs.

Matiz importante: que un ETF reparta dividendos no significa que sea “mejor” ni que genere dinero gratis. El dividendo sale de los activos del fondo. Lo relevante es la rentabilidad total: revalorización más dividendos, descontando costes e impuestos.

Revisa si es UCITS y si está disponible para inversores en España

Para inversores minoristas en España, muchos ETF disponibles en brokers europeos son UCITS. Esta etiqueta indica que el fondo cumple la normativa europea aplicable a organismos de inversión colectiva armonizados.

En la práctica, mirar si un ETF es UCITS ayuda a filtrar productos que están diseñados para el marco europeo. También explica por qué algunos ETF estadounidenses populares no están disponibles directamente para minoristas europeos en muchos brokers.

Además, debes revisar:

  • Domicilio del ETF.
  • ISIN.
  • Moneda base y moneda de cotización.
  • Bolsa donde cotiza.
  • Documento de datos fundamentales.
  • Política de dividendos.
  • Método de réplica.
  • Riesgos específicos.

La CNMV recuerda que el DFI/KID recoge información relevante para que el inversor valore si un fondo le conviene, incluyendo política de inversión, riesgo, gastos y rentabilidad histórica. No es un trámite: es uno de los documentos que más rápido te permite detectar si el ETF encaja o no.

Puedes ampliar este punto con la guía sobre UCITS vs no UCITS, especialmente si estás comparando ETF europeos con ETF estadounidenses.

Entiende el método de réplica

Un ETF puede replicar su índice de varias formas:

MétodoCómo funcionaQué revisar
Réplica física completaCompra todos o casi todos los activos del índiceSuele ser más fácil de entender
Réplica física optimizadaCompra una muestra representativaPuede reducir costes, pero introduce más desviación
Réplica sintéticaUsa derivados para replicar el índicePuede ser eficiente, pero añade riesgo de contraparte

Morningstar incluye la construcción del producto como parte esencial del análisis de un ETF: método de réplica, estructura, riesgo de contraparte y política de dividendos, entre otros puntos.

No hay que demonizar la réplica sintética. En algunos mercados puede funcionar bien y reducir ciertos costes. Pero sí hay que entenderla. Si no sabes cómo replica el ETF, qué contraparte interviene o qué riesgos añade, quizá no sea el producto más adecuado para ti.

Advertencia importante: cuidado con ETF apalancados, inversos o muy especializados. Pueden servir para estrategias concretas, pero no suelen ser productos sencillos para inversión a largo plazo. Su comportamiento puede diferir mucho de lo que espera un principiante, sobre todo si los mantiene durante varios días, semanas o meses.

Compara ETF similares antes de decidir

Una buena evaluación no termina mirando un ETF aislado. Hay que compararlo con alternativas equivalentes.

Si quieres un ETF del MSCI World, compara varios ETF del MSCI World o de índices globales similares. Si quieres exposición al S&P 500, compara ETF que repliquen ese índice o alternativas muy cercanas. Si quieres renta fija europea, compara ETF con duración, calidad crediticia y divisa parecidas.

Criterios de comparación:

  • Índice replicado.
  • TER.
  • Tracking difference.
  • Tracking error.
  • Tamaño del fondo.
  • Liquidez.
  • Spread.
  • Política de dividendos.
  • Domicilio.
  • Divisa.
  • Método de réplica.
  • Broker donde lo puedes comprar.

Aquí es donde muchas decisiones mejoran. A veces dos ETF parecen iguales, pero uno tiene más patrimonio, menor coste, mejor liquidez y una réplica más estable. En ese caso, la elección empieza a estar bastante clara.

Si ya tienes claro el tipo de ETF y estás en fase de elegir plataforma, puede tener sentido comparar los mejores brokers de ETFs para revisar comisiones, mercados disponibles y condiciones de operativa desde España.

No confundas rendimiento del ETF con rendimiento de tu cartera

Un ETF puede ser excelente y aun así no encajar en tu cartera. Esta idea es más importante de lo que parece.

Por ejemplo:

  • Un ETF de semiconductores puede ser muy bueno, pero demasiado concentrado si ya tienes muchas acciones tecnológicas.
  • Un ETF de renta fija en dólares puede diversificar, pero añadir riesgo divisa.
  • Un ETF de dividendos puede encajar si buscas rentas, pero quizá no sea la opción más eficiente si priorizas crecimiento a largo plazo.
  • Un ETF de mercados emergentes puede aportar diversificación, pero también más volatilidad política, divisa y regulatoria.

Evaluar rendimiento no es solo mirar números. Es entender qué papel cumple el ETF:

  • Núcleo de cartera.
  • Complemento sectorial.
  • Exposición geográfica.
  • Parte defensiva.
  • Generador de rentas.
  • Herramienta táctica.
  • Sustituto de otro producto más caro.

Caso realista: una persona en España invierte 300 € al mes. Quiere construir una cartera sencilla a 20 años. En ese caso, quizá le aporte más un ETF global, barato, líquido y acumulativo que un ETF temático con rentabilidad reciente espectacular. El segundo puede ser interesante como pequeña posición satélite, pero no necesariamente como base de la cartera.

Para ordenar esta parte, puedes revisar las estrategias de inversión con ETFs y decidir si buscas una cartera simple, diversificada, sectorial, de dividendos o más táctica.

Checklist para evaluar el rendimiento de un ETF

Antes de comprar o mantener un ETF, revisa esta lista:

PreguntaPor qué importa
¿Qué índice replica?Define la exposición real
¿Cómo lo ha hecho frente a su benchmark?Mide si cumple su objetivo
¿Cuál es su tracking difference?Indica la diferencia de rentabilidad frente al índice
¿Cuál es su tracking error?Mide la estabilidad de la réplica
¿Qué TER tiene?Afecta directamente a la rentabilidad
¿Qué spread tiene?Impacta en el coste de entrada y salida
¿Tiene suficiente liquidez?Facilita operar a precios razonables
¿Es de acumulación o distribución?Afecta a dividendos y fiscalidad
¿Es UCITS?Importa para inversores europeos
¿En qué divisa cotiza?Puede añadir riesgo de cambio
¿Qué método de réplica usa?Afecta a riesgo y transparencia
¿Encaja con tu cartera?Evita duplicidades y riesgos excesivos

Si no puedes responder a varias de estas preguntas, probablemente todavía no tienes información suficiente para decidir con calma.

También puedes apoyarte en herramientas y fichas de producto para revisar el valor, composición y datos básicos. La guía sobre cómo calcular el valor de un ETF ayuda a entender mejor esta parte.

Principales errores al analizar el rendimiento de un ETF

Hay varios errores que se repiten mucho:

  1. Mirar solo la rentabilidad pasada. Es útil, pero no garantiza resultados futuros.
  2. Comparar ETF con índices distintos. Puede llevar a conclusiones injustas.
  3. Ignorar los costes de compraventa. En aportaciones pequeñas pesan mucho.
  4. No revisar la divisa. Un ETF puede subir en dólares y darte otro resultado en euros.
  5. Elegir ETF de moda. La rentabilidad reciente puede esconder concentración y riesgo.
  6. No mirar el tamaño del fondo. ETF demasiado pequeños pueden tener más riesgo de cierre o peor liquidez.
  7. Olvidar la fiscalidad. Dividendos, plusvalías y retenciones afectan al resultado neto.
  8. Confundir ETF con producto sin riesgo. Un ETF diversifica, pero no elimina el riesgo de mercado.

El mejor análisis combina datos y sentido común. No necesitas usar veinte métricas avanzadas, pero sí entender las suficientes para no comprar a ciegas.

Cuándo un ETF está funcionando bien

Un ETF está funcionando bien cuando cumple la función para la que lo elegiste.

En un ETF indexado amplio, eso suele significar:

  • Replica bien su índice.
  • Mantiene costes bajos.
  • Tiene liquidez suficiente.
  • Presenta un tracking difference razonable.
  • No se desvía de forma extraña.
  • Encaja con tu horizonte temporal.
  • No introduce riesgos que no entiendes.

En un ETF más especializado, el análisis debe ser más exigente. Cuanto más concreto, temático, apalancado, sintético o ilíquido sea el producto, más cuidado conviene tener.

Regla práctica: si no puedes explicar en una frase qué hace el ETF, qué índice replica, qué riesgo asume y por qué lo quieres en tu cartera, es mejor no comprarlo todavía.

Cómo evaluar un ETF paso a paso

Un método sencillo sería este:

  1. Define qué exposición necesitas: global, Estados Unidos, Europa, renta fija, dividendos, sector, materias primas, etc.
  2. Busca ETF que repliquen índices adecuados para esa exposición.
  3. Compara rentabilidad frente al benchmark, no solo frente a otros ETF.
  4. Revisa tracking difference y tracking error.
  5. Comprueba TER, spread, comisiones del broker y divisa.
  6. Mira volatilidad, caídas máximas y comportamiento en mercados difíciles.
  7. Revisa tamaño, liquidez y volumen negociado.
  8. Comprueba si es UCITS, acumulativo o distributivo.
  9. Lee el DFI/KID y la ficha del ETF.
  10. Decide si encaja en tu cartera y en tu horizonte temporal.

Este proceso no elimina el riesgo, pero reduce bastante la probabilidad de elegir un ETF solo porque está de moda o porque aparece arriba en una tabla de rentabilidad.

Conclusión

Evaluar el rendimiento de un ETF exige mirar más allá de la rentabilidad reciente. Lo importante es saber si el ETF replica bien su índice, cuánto cuesta mantenerlo, qué riesgo asume, cómo se comporta frente a alternativas similares y si encaja con tu estrategia como inversor en España.

La rentabilidad pasada puede servir como punto de partida, pero no debe ser el criterio principal. Un ETF bien elegido debería tener un benchmark claro, costes razonables, buena liquidez, una réplica consistente y un papel definido dentro de tu cartera.

El siguiente paso lógico es comparar varios ETF equivalentes antes de decidir. Ahí es donde suelen aparecer las diferencias reales: no en el titular de rentabilidad, sino en los costes, el índice, la réplica, la liquidez y el riesgo que asumes.

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Preguntas frecuentes

¿Cuál es la métrica más importante para evaluar un ETF?

Depende del tipo de ETF, pero en los ETF indexados suelen ser clave el benchmark, el tracking difference, el tracking error, el TER y la liquidez. La rentabilidad pasada ayuda, pero no basta. Un ETF puede haber subido mucho y aun así no ser eficiente ni adecuado para tu cartera.

¿Es mejor un ETF con menor TER?

No siempre. Un TER bajo es positivo, pero debes mirar el coste total: spread, comisiones del broker, cambio de divisa, liquidez y fiscalidad. A veces un ETF con TER ligeramente superior puede ser más líquido, replicar mejor el índice o estar disponible en mejores condiciones para ti.

¿Qué diferencia hay entre tracking error y tracking difference?

El tracking difference mide cuánto se separa la rentabilidad del ETF respecto a su índice en un periodo concreto. El tracking error mide la variabilidad de esa diferencia. Para largo plazo suele importar más la diferencia acumulada frente al índice; para operativa más precisa, importa mucho la estabilidad de la réplica.

Este artículo ha sido elaborado por Javier Borja

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