Invertir

Descubre cómo hacer crecer tu dinero con estrategias de inversión efectivas y herramientas confiables. En esta sección encontrarás todo lo que necesitas para comenzar a invertir, desde conceptos básicos hasta opciones avanzadas que se adaptan a tus metas financieras. ¡Empieza a construir tu futuro hoy!

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Preguntas frecuentes

1. ¿Qué significa invertir y por qué es importante?

Invertir consiste en destinar dinero a un activo o proyecto con el objetivo de obtener rendimientos en el futuro, ya sea mediante revalorización, ingresos periódicos o ambos, y es importante porque permite hacer crecer el capital, protegerlo frente a la inflación y alcanzar objetivos financieros a largo plazo como la jubilación, la compra de una vivienda o la educación de los hijos.

2. ¿Cuáles son los principales tipos de inversión disponibles?

Existen distintos tipos de inversión, entre los que destacan las acciones, que permiten participar en empresas; los bonos, que ofrecen rentas generalmente más estables; los fondos de inversión y ETFs, que aportan diversificación gestionada; los bienes raíces, ya sea de forma directa o mediante REITs; y las criptomonedas, que presentan mayor volatilidad, siendo clave elegir según objetivos, horizonte temporal y tolerancia al riesgo.

3. ¿Cómo empezar a invertir con poco dinero?

Hoy en día es posible empezar a invertir con poco capital gracias a plataformas de microinversión, ETFs con importes mínimos bajos y sistemas de aportaciones periódicas, que permiten invertir pequeñas cantidades de forma constante y aprovechar el interés compuesto, siendo más importante la constancia que el importe inicial.

4. ¿Cuáles son los riesgos de invertir y cómo minimizarlos?

Invertir implica riesgos como la pérdida de capital, la volatilidad del mercado o la falta de liquidez, pero estos pueden reducirse mediante una correcta diversificación, una buena formación financiera, la definición clara del perfil de riesgo y una estrategia orientada al largo plazo que minimice el impacto de las fluctuaciones a corto plazo.

5. ¿Es mejor invertir en bolsa o en bienes raíces?

Invertir en bolsa o en bienes raíces depende de los objetivos y circunstancias personales, ya que la bolsa ofrece mayor liquidez y accesibilidad, pero también más volatilidad, mientras que los bienes raíces aportan estabilidad y tangibilidad a cambio de mayor capital inicial y menor liquidez, siendo habitual combinar ambas opciones dentro de una estrategia diversificada.

Términos principales

La rentabilidad es una medida clave en el mundo de las inversiones que indica el nivel de ganancia o pérdida generada por una inversión en relación con el capital inicial. Se expresa generalmente como un porcentaje y puede calcularse de diversas formas, dependiendo del tipo de inversión y del periodo analizado. Este indicador permite a los inversionistas evaluar qué tan eficiente es una inversión para generar beneficios en comparación con otras opciones disponibles.

Existen diferentes tipos de rentabilidad, como la rentabilidad bruta, que no considera los costos asociados, y la rentabilidad neta, que incluye deducciones como comisiones e impuestos. Comprender estos conceptos es esencial para tomar decisiones informadas y maximizar los resultados, ya que una buena rentabilidad puede marcar la diferencia en la acumulación de riqueza a largo plazo.

La diversificación es una estrategia de inversión que consiste en distribuir el capital entre diferentes tipos de activos, sectores o mercados para reducir el riesgo. Al no concentrar todo el dinero en una sola opción, se minimiza el impacto negativo de una mala performance en alguna inversión específica. Por ejemplo, combinar acciones, bonos e inversiones inmobiliarias crea un portafolio más equilibrado y menos vulnerable a las fluctuaciones.

Este enfoque no elimina el riesgo por completo, pero puede suavizar las pérdidas y estabilizar los retornos a lo largo del tiempo. La diversificación también es clave para aprovechar distintas oportunidades de crecimiento en diferentes mercados o economías. Es una herramienta fundamental en la gestión de portafolios, especialmente para inversores que buscan proteger su capital sin renunciar al potencial de ganancias.

El riesgo en inversiones se refiere a la posibilidad de que los resultados obtenidos difieran de los esperados, lo que incluye tanto pérdidas como ganancias menores a las previstas. Es un factor inherente a cualquier tipo de inversión, y su nivel varía según el activo, el mercado y el horizonte temporal. Por ejemplo, las acciones suelen tener un riesgo más alto que los bonos, pero también ofrecen un mayor potencial de rentabilidad.

Existen diferentes tipos de riesgo, como el riesgo de mercado, que está relacionado con las fluctuaciones generales de la economía, y el riesgo específico, que afecta a una empresa o sector en particular. Comprender y gestionar el riesgo es esencial para los inversores, ya que permite tomar decisiones más informadas y diseñar un portafolio que se alinee con su tolerancia al riesgo y objetivos financieros.

Los activos son todos aquellos recursos o instrumentos en los que un inversor puede destinar su capital con la expectativa de generar rendimientos futuros. En el contexto de las inversiones, los activos pueden ser físicos, como bienes raíces y metales preciosos, o financieros, como acciones, bonos y fondos de inversión. Cada tipo de activo tiene características únicas que influyen en su comportamiento, liquidez y rentabilidad.

Clasificar los activos en categorías como renta fija, renta variable o alternativos permite a los inversores construir portafolios diversificados y adaptados a sus necesidades. Además, el desempeño de los activos está influenciado por factores económicos, políticos y del mercado, lo que requiere un análisis cuidadoso para maximizar el potencial de retorno y minimizar riesgos.

El interés compuesto es un concepto financiero que se refiere a la capacidad de generar rendimientos no solo sobre el capital inicial invertido, sino también sobre los intereses previamente acumulados. En otras palabras, los rendimientos se reinvierten y, con el tiempo, contribuyen exponencialmente al crecimiento del capital. Esta “magia financiera” convierte al interés compuesto en uno de los instrumentos más poderosos para construir riqueza a largo plazo.

La clave del interés compuesto radica en dos factores: tiempo y constancia. Cuanto más tiempo se mantenga la inversión y más frecuentes sean las aportaciones, mayor será el efecto acumulativo. Por ejemplo, al invertir $1,000 con un rendimiento anual del 10%, en 10 años no tendrás 2,000 € (capital inicial + interés simple), sino 2,593 € gracias al poder del interés compuesto. Este concepto resalta la importancia de empezar a invertir lo antes posible.

 

La liquidez es la capacidad de un activo para convertirse rápidamente en efectivo sin perder valor significativo durante el proceso. Es una característica crucial en las inversiones, ya que determina qué tan fácil es acceder a los fondos invertidos en caso de necesidad. Por ejemplo, el dinero en una cuenta bancaria es altamente líquido, mientras que bienes raíces tienen una liquidez mucho menor debido al tiempo y costos asociados con su venta.

Los inversores deben considerar la liquidez de sus activos al construir un portafolio, especialmente si necesitan acceso rápido al capital para gastos imprevistos. Una buena estrategia combina activos líquidos, como acciones o fondos mutuos, con activos menos líquidos, como inmuebles, para equilibrar flexibilidad y potencial de crecimiento a largo plazo.

La volatilidad mide las fluctuaciones en el precio de un activo en un periodo determinado, reflejando su nivel de riesgo y estabilidad. Un activo con alta volatilidad experimenta cambios bruscos en su valor, como es común en acciones tecnológicas o criptomonedas, mientras que los activos con baja volatilidad, como los bonos gubernamentales, tienen movimientos más predecibles.

Aunque la volatilidad puede ser un indicador de riesgo, también representa oportunidades para obtener altos rendimientos en el corto plazo. Sin embargo, invertir en activos muy volátiles requiere una estrategia bien planificada y tolerancia al riesgo. Para los inversores a largo plazo, es clave comprender que la volatilidad es una parte natural del mercado y puede gestionarse mediante la diversificación y un enfoque disciplinado.

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